La implantación de sistemas de medición individual de calefacción en Burgos -obligatorios desde 2022- está ofreciendo resultados desiguales según el tipo de dispositivo instalado. Mientras los contadores colocados en edificios con distribución horizontal permiten constatar descensos claros del gasto, en el entorno del 10-15%, los repartidores de costes presentan mayor incertidumbre, problemas de precisión y un riesgo elevado de manipulación.
Así lo explica el administrador de fincas Carlos Castiñeiras, quien destaca que en las comunidades donde gestiona contadores «la gente se corta porque pasa de pagar lo mismo que todos a pagar su propio consumo», lo que se traduce en un ahorro medible. Su experiencia, sin embargo, no es extrapolable a los edificios equipados con repartidores: en ellos, afirma, la eficacia depende del tipo de instalación, del equilibrio hidráulico y del comportamiento de los vecinos.
El Colegio de Administradores de Fincas de Burgos considera que la mayoría de comunidades que estaban obligadas a instalar sistemas de medición individual ya lo han hecho. La normativa permite eximir a un edificio sólo si un informe técnico demuestra que el coste de instalar contadores o repartidores supera el ahorro previsto. Aun así, la realidad ha sido más compleja. Tal y como confirma Castiñeiras, algunas comunidades trampearon esos informes, otras los ignoraron directamente y siguen sin sistemas de medición, y la Junta de Castilla y León no dispone de un registro que permita saber qué edificios han cumplido y cuáles no.
La reducción del 10–15% observada con los contadores contrasta con las dudas que generan los repartidores. La clave está en la instalación. Se colocan en edificios con distribución horizontal, en la tubería que alimenta cada vivienda. Miden caudal real, no estimaciones, y están situados fuera de la casa, por lo que no pueden manipularse. Ofrecen, según Castiñeiras, «el único ahorro claro y verificable». Por otro lado, los repartidores de costes se instalan en cada radiador de los edificios con distribución vertical.Miden por comparación de temperaturas -radiador frente a ambiente- y están dentro de la vivienda, donde pueden retirarse, taparse o ignorarse. «He visto repartidores quitados o radiadores nuevos sin dispositivo. Se prestan a trampa», afirma el administrador. El Colegio añade que su eficacia varía enormemente entre edificios y depende del equilibrio hidráulico, de las válvulas termostáticas, de la regulación de la sala de calderas y de los hábitos de los usuarios.
Los profesionales de Burgos coinciden en que el impacto de estos sistemas es limitado si el edificio presenta deficiencias de aislamiento o problemas en la instalación. El Colegio recalca que la eficiencia energética global -ventanas, fachadas, puentes térmicos- influye más que los dispositivos de medición en el gasto final. Además, los precios del gas o del gasóleo pueden generar falsas sensaciones de ahorro o de incremento de un año a otro, al margen de cómo funcionen contadores y repartidores.
Costes ocultos y vida útil limitada. Un aspecto desconocido para muchos vecinos es que estos dispositivos funcionan con baterías no recargables, con una vida útil de entre ocho y diez años. Cuando agotan la batería, no pueden repararse: deben sustituirse íntegramente. Los precios también varían, ya que los modelos básicos están entre los 100–150 euros, y los equipos de gama alta o con baterías intercambiables pueden llegar hasta los 400 euros.
La transición desde el antiguo modelo de «barra libre» -en el que todos pagaban lo mismo- a un consumo individualizado ha modificado comportamientos: ventanas menos tiempo abiertas, control de horarios, termostatos más moderados. «Si quieres abrir la ventana, la abres, pero lo pagas tú», resume el administrador. Este cambio ha reducido tensiones en algunos edificios, pero ha provocado nuevos motivos de disputa en otros: quejas por consumos «imposibles», sospechas de manipulación, errores en lecturas, dudas en la facturación o comparaciones entre vecinos. La calidad de las empresas encargadas de las lecturas también influye: algunas generan informes periódicos y precisos; otras ofrecen datos incompletos o que requieren revisión manual.
Pese a los problemas, Castiñeiras sostiene que la individualización debería haber sido obligatoria «mucho antes», porque hace más justo el reparto y fomenta el ahorro responsable. El Colegio coincide, aunque matiza que sin actuaciones complementarias -válvulas termostáticas, equilibrado hidráulico, regulación de calderas- el ahorro puede quedarse muy corto.DB
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