Una docena de niños y niñas, carta en mano, tenían ayer un buen motivo para hacer esperar a sus padres fuera del Teatro Principal. Y es que no todos los días se puede visitar a Nayakn, la Emisaria del rey Gaspar. Cada uno de los allí presentes esperó, ansioso, emocionado e inquieto, a que las grandes puertas de madera del Teatro se abriesen para poder entregar su carta a uno de los Emisarios Reales que los Magos de Oriente habían enviado este año a Burgos.
Las puertas «al fin», como suspiró alguno de los niños, se abrieron y un paje, vestido con turbante y hablando con un acento que de Oriente podría ser, apareció para guiar a los niños y sus padres escaleras arriba. Con su «hola, buenas noches», sus gestos cómicos y sus divertidos errores gramaticales, el paje mantuvo la atención de los niños («los que medís menos de 1,50», como le gustaba llamarlos) durante el recorrido hasta llegar al salón donde un diván, dos filas de sillas y, lo más importante, un buzón con forma de cabeza de elefante les esperaban.
Con los más pequeños sentados en primera fila y sus acompañantes detrás, el nerviosismo, en forma de susurros y movimientos en las sillas, fue en aumento. Las risas y el asombro se hicieron con la sala en el momento mismo en que la Emisaria, de nombre Nayakn, entró. Su misión, como bien explicó, era sencilla: recoger los deseos de todos los niños y niñas de Burgos. Y uno a uno, o de dos en dos en caso de los hermanos, fueron sentándose en el diván para asombrarse con los poderes telepáticos de la Emisaria, que antes de leer sus cartas ya sabía lo que todos ellos querían. Sólo tenían que cerrar los ojos y dejar que la representante de Gaspar trabajase. «La riñonera muy bien, es muy práctica», asintió ella ante la sonrisa satisfecha del pequeño allí sentado; «los Reyes Magos también te quieren a ti», le confirmó a una pequeña que se había quedado muda y no podía hacer más que mirar fijamente la joyería de la Emisaria; «la sinceridad gana puntos», le aseguró a la niña que admitió haber sido «una gamberra» con su hermana menor. Y así, tras las peticiones y propósitos para el nuevo año, cada carta se iba introduciendo en el buzón con forma de cabeza de elefante.
Después de 45 minutos, era el turno de que otros niños burgaleses disfrutasen del encuentro con la Emisaria. Pero la visita no podía terminar sin el sello real que los allí presentes se llevaron impreso en la piel, necesario para que el día de la cabalgata, el 5 de enero, la Emisaria y el paje los reconociesen.
Todos fueron saliendo sin prisa, pero sin pausa, diciendo adiós efusivamente y dando las gracias. Incluso los niños más tímidos, aquellos que se habían visto tan impresionados como para hablar ante ella, se resistían a irse. Y es que la visita a la Emisaria del rey Gaspar no ocurre todos los días.
Aunque esta vez le tocó a ella visitar el Teatro Principal, otros Emisarios pararon también en la Casa de Cultura de Gamonal y el Palacio de Castilfalé recibiendo a los niños que por allí pasaban. A sabiendas de que un sólo día sería imposible para atender a todos, los Emisarios volverán hoy y los días 2, 3 y 4 de enero (mañana y tarde) para recoger todas las cartas que puedan y mandárselas a los Reyes Magos antes del 6 de enero. Así podrán tener todo preparado y se asegurarán de cumplir los deseos de los niños.DB
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