La ciudad de Burgos volvió a disfrutar de uno de los días grandes del calendario con motivo de la celebración de San Lesmes. El último domingo de enero se consagró en honor al patrón en una jornada en la que la tradición, el folclore y el burgalesismo se dieron la mano para superar al frío.
Todo transcurrió con normalidad, si bien cabe destacar que un problema médico impidió al arzobispo, Mario Iceta, oficiar la misa. La responsabilidad recayó en el obispo emérito, Fidel Herráez.Autoridades, feligreses, miembros de asociaciones y colectivos folclóricos y cientos de burgaleses reunidos en la plaza de San Juan disfrutaron de la programación habitual del evento, en la que no faltaron las colas para disfrutar de un pincho de chorizo ni el baile de los Gigantillos. Ni siquiera la inoportuna aguanieve arruinó la mañana.
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