Una docena de niños y niñas, carta en mano, tenían ayer un buen motivo para hacer esperar a sus padres fuera del Teatro Principal. Y es que no todos los días se puede visitar a Nayakn, la Emisaria del rey Gaspar. Cada uno de los allí presentes esperó, ansioso, emocionado e inquieto, a que las grandes puertas de madera del Teatro se abriesen para poder entregar su carta a uno de los Emisarios Reales que los Magos de Oriente habían enviado este año a Burgos. Las puertas «al fin», como suspiró alguno de los niños, se abrieron y un paje, vestido con turbante y hablando con un acento que de Oriente podría ser, apareció para guiar a los niños y sus padres escaleras arriba. Con su «hola, buenas noches», sus gestos cómicos y sus divertidos errores gramaticales, el paje mantuvo la atención de los niños («los que medís menos de 1,50», como le gustaba llamarlos) durante el recorrido hasta llegar al salón donde un diván, dos filas de sillas y, lo más importante, un buzón con forma de cabeza ...