Tras la misa y bendición de los animales, ayer sábado, llegó el tradicional reparto de los titos, por parte de la Cofradía de San Antón...
El 14.036, número premidado de dos "cochinos"
La elaboración de 2.000 kilos de titos reúne a miles de personas e inunda Gamonal de pucheros, ollas y cazuelas •
Desde las 10 de la mañana se agolpaban alrededor de los fogones los primeros comensales, cazuela en mano, para ‘almacenar’ el tradicional plato de titos. Como cada 17 de enero, día de San Antón, la histórica cofradía burgalesa que con orgullo porta su nombre repartió unas 25.000 raciones de esta atípica legumbre. Al característico olor que desprendía su elaboración, «paciente y con mucho mimo», como apuntó el cocinero mayor, José Luis Martínez, ‘Josete’, llegaban los invitados. «Con mucho gusto cocinamos ahora para nuestros vecinos». Una tradición centenaria y con solera como ninguna. Hacia la una y media de la tarde, a punto ya de degustar el popular manjar, no cabía un alma en el ‘inaugurado’ Pueblo Viejo de Gamonal. Hasta el lugar se acercaron cientos de vecinos del barrio y de toda la ciudad. Este año, acompañados de enormes pucheros y cacerolas, que se llenaron a rebosar. «Cada año la gente trae los pucheros más grandes», comentaba entre risas uno de los 32 cofrades de San Antón. La climatología acompañó en una mañana fría y nublada, «pero lo más importante es que no ha llovido». Y así se notó en el resultado. No sobraron titos, la mejor recompensa del trabajo bien hecho. Ayer madrugaron, bastante, y desde las cinco de la madrugada los cofrades se afanaron en prepararlo todo: 6.500 kilos de leña y cientos de litros de agua. Los bomberos se encargaron de aprovisionar con sus mangueras los 16 pucheros a las siete de la mañana. Una hora después la cocina callejera echaba humo. El tiempo de cocción se sitúa en las dos horas y media y los titos que se degustaron ayer se sembraron expresamente para la ocasión en Villasidro, una localidad situada a tres kilómetros de Sasamón. El origen de la tradición de los titos hay que buscarlo, sin duda, en la proyección de atención al pobre, al necesitado y al enfermo, que se plasman en los capítulos de la Regla de la cofradía de San Antón. Desde hace más de cinco siglos se viene celebrando el reparto de esta leguminosa, que cada vez cuenta con más adeptos en la ciudad; ¿será por la crisis?, se preguntan muchos.Previo al reparto de titos, la iglesia de Nuestra Señora la Real y Antigua acogió una solemne eucaristía en la que estuvieron presentes varios miembros del equipo de Gobierno municipal, que también participaron en la degustación de un buen plato de legumbre. Tras la misa, por supuesto, la bendición de animales congregó a decenas de personas con sus mascotas. Perros, gatos y otros animales de compañía se mezclaban con las cientos de personas que abarrotaban las calles.
Desde las 10 de la mañana se agolpaban alrededor de los fogones los primeros comensales, cazuela en mano, para ‘almacenar’ el tradicional plato de titos. Como cada 17 de enero, día de San Antón, la histórica cofradía burgalesa que con orgullo porta su nombre repartió unas 25.000 raciones de esta atípica legumbre. Al característico olor que desprendía su elaboración, «paciente y con mucho mimo», como apuntó el cocinero mayor, José Luis Martínez, ‘Josete’, llegaban los invitados. «Con mucho gusto cocinamos ahora para nuestros vecinos». Una tradición centenaria y con solera como ninguna. Hacia la una y media de la tarde, a punto ya de degustar el popular manjar, no cabía un alma en el ‘inaugurado’ Pueblo Viejo de Gamonal. Hasta el lugar se acercaron cientos de vecinos del barrio y de toda la ciudad. Este año, acompañados de enormes pucheros y cacerolas, que se llenaron a rebosar. «Cada año la gente trae los pucheros más grandes», comentaba entre risas uno de los 32 cofrades de San Antón. La climatología acompañó en una mañana fría y nublada, «pero lo más importante es que no ha llovido». Y así se notó en el resultado. No sobraron titos, la mejor recompensa del trabajo bien hecho. Ayer madrugaron, bastante, y desde las cinco de la madrugada los cofrades se afanaron en prepararlo todo: 6.500 kilos de leña y cientos de litros de agua. Los bomberos se encargaron de aprovisionar con sus mangueras los 16 pucheros a las siete de la mañana. Una hora después la cocina callejera echaba humo. El tiempo de cocción se sitúa en las dos horas y media y los titos que se degustaron ayer se sembraron expresamente para la ocasión en Villasidro, una localidad situada a tres kilómetros de Sasamón. El origen de la tradición de los titos hay que buscarlo, sin duda, en la proyección de atención al pobre, al necesitado y al enfermo, que se plasman en los capítulos de la Regla de la cofradía de San Antón. Desde hace más de cinco siglos se viene celebrando el reparto de esta leguminosa, que cada vez cuenta con más adeptos en la ciudad; ¿será por la crisis?, se preguntan muchos.Previo al reparto de titos, la iglesia de Nuestra Señora la Real y Antigua acogió una solemne eucaristía en la que estuvieron presentes varios miembros del equipo de Gobierno municipal, que también participaron en la degustación de un buen plato de legumbre. Tras la misa, por supuesto, la bendición de animales congregó a decenas de personas con sus mascotas. Perros, gatos y otros animales de compañía se mezclaban con las cientos de personas que abarrotaban las calles.
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