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Estorninos.-

 Una de cal y una de arena. Son capaces de dibujar verdaderas coreografías con sus movimientos sincronizados en el cielo al atardecer, cuando regresan a casa, pero a la vez es tal su impacto en el entorno que eligen como alojamiento temporal a su paso por la ciudad que los vecinos de la zona temen su llegada. Y ya están aquí. Los estorninos han vuelto y una vez más descansan por miles en los árboles del parque Buenavista de Gamonal, para disgusto de los residentes, comerciantes y visitantes que aparcan en la zona.

Porque la belleza de las citadas estampas, que componen al vuelo en bandada como mecanismo de cohesión social, tiene precio: el ruido que emiten por las noches en sus masivos dormideros y la cantidad de excrementos que salpican vehículos, bancos y aceras próximos. La coexistencia se complica./5 

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